El FMI prevé un crecimiento global de 3.1 % en 2026: la IA impulsa, pero la deuda y la energía frenan
La economía mundial crecerá 3.1 % en 2026, una décima más de lo previsto anteriormente, y 3.4 % en 2027, según las proyecciones presentadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe de Perspectivas Económicas Mundiales de octubre, divulgado desde Bangkok. El organismo atribuye la leve mejora al auge de la inversión en inteligencia artificial (IA), que está actuando como un motor de la actividad económica global, aunque advierte que las tensiones en Medio Oriente y el alza de los precios del petróleo y las materias primas amenazan con frenar ese impulso.
El informe dibuja un panorama de contrastes. Por un lado, la revolución tecnológica inyecta optimismo: las inversiones multimillonarias en infraestructura de IA, centros de datos y semiconductores estimulan la demanda y prometen ganancias de productividad. Por otro, la inestabilidad geopolítica, el endeudamiento público récord y los costos de financiamiento persistentemente altos estrechan el margen de maniobra de los gobiernos.
La paradoja que preocupa al Fondo
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, resumió la situación con una paradoja inquietante: la inteligencia artificial promete crecimiento, pero la deuda y la energía ponen límites. En sus palabras previas a las reuniones anuales del Fondo y del Banco Mundial, Georgieva advirtió sobre desequilibrios que se refuerzan entre sí: la energía cara aumenta las presiones sobre los precios, mientras la carga de la deuda y su costo reducen la capacidad de los gobiernos para responder a futuras crisis.
El mensaje del FMI a los gobiernos es directo: hacen falta planes creíbles para contener la deuda y los déficits y restaurar la capacidad fiscal. Solo así, argumenta el organismo, los países podrán enfrentar nuevos choques sin tensionar unas finanzas públicas que ya están bajo presión creciente. A los bancos centrales, les pide mantener la inflación bajo control sin asfixiar la recuperación.
La inflación global, en ese sentido, ofrece un respiro parcial: el Fondo estima que caerá de 4.1 % en 2025 a 3.8 % en 2026, ayudada por una baja proyectada de 7 % en los precios de las materias primas energéticas. Sin embargo, la advertencia es que esa moderación no está garantizada si los conflictos se intensifican o si los mercados energéticos se tensionan.
América Latina: crecimiento moderado
Para América Latina y el Caribe, el panorama es de crecimiento moderado. Las proyecciones del FMI sitúan a la región en torno a 2.2 % para 2026, por debajo del promedio mundial, lastrada por la debilidad de algunas de las grandes economías y por la incertidumbre del contexto internacional. El Banco Mundial ha ofrecido estimaciones similares, señalando el debilitamiento de la economía global y la incertidumbre energética como factores de freno.
La región enfrenta además sus propios desafíos estructurales: baja productividad, informalidad laboral extendida, infraestructura insuficiente y una inserción desigual en las cadenas globales de valor. Los países que logren atraer inversión en sectores de futuro — energías renovables, economía digital, agroindustria tecnificada — tendrán mejores perspectivas que aquellos anclados en modelos extractivos tradicionales.
En ese contexto, las economías del Caribe con modelos diversificados, como la República Dominicana — apoyada en turismo, remesas, zonas francas y servicios —, parten con una base de resiliencia que muchos vecinos envidian. La clave estará en sostener la inversión pública y privada sin comprometer la estabilidad macroeconómica que el país ha construido.
Los riesgos que acechan
El FMI no oculta los nubarrones. Uno de los principales es financiero: el organismo alerta sobre la vulnerabilidad de los mercados ante un salto desordenado en los rendimientos de la deuda soberana. La emisión masiva de bonos por parte de gobiernos y empresas compite con las enormes necesidades de financiamiento del sector tecnológico, en una puja global por el ahorro que encarece el capital para todos.
Otro riesgo es la concentración del crecimiento: cada vez menos países explican el avance de la economía mundial, lo que agrava las desigualdades entre naciones. Y un tercero es la propia euforia tecnológica: el Fondo advierte que una «reevaluación de las expectativas» sobre la productividad de la IA podría provocar una corrección brusca en los mercados, donde las valoraciones de las grandes tecnológicas se han distanciado del resto.
El comercio mundial, aunque robusto gracias a las exportaciones tecnológicas, muestra señales de moderación. El volumen del comercio crecería 2.6 % en 2026, en un entorno donde la tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos se mantiene en niveles históricamente altos, aun después de la pausa en la guerra comercial con China. Para las economías abiertas y dependientes del comercio, como las del Caribe, esa moderación es un llamado a fortalecer la competitividad interna.
Qué significa para los dominicanos
Aunque estas cifras parezcan lejanas, tienen consecuencias directas en la vida cotidiana. El crecimiento global determina la demanda de las exportaciones dominicanas; los precios del petróleo definen el costo de los combustibles y la electricidad; las tasas de interés internacionales influyen en el crédito local; y la salud de la economía estadounidense — destino de la mayoría de las remesas y los turistas — es decisiva para el bolsillo de millones de familias.
La lección del informe es que la República Dominicana no puede dormirse en sus récords recientes. Mantener la estabilidad macroeconómica, diversificar las fuentes de crecimiento y prepararse para un mundo donde la inteligencia artificial redefine el trabajo son tareas urgentes. El viento global sopla con fuerza mixta: aprovecharlo exigirá navegar con prudencia, disciplina fiscal y visión de largo plazo, las mismas virtudes que han sostenido el crecimiento dominicano en los últimos años.
Fuente: EFE
