Con 2,742 albergues y 15,000 voluntarios, el país refuerza su preparación ante la temporada ciclónica

La temporada ciclónica del Atlántico 2026 está en curso — se extiende oficialmente del 1 de junio al 30 de noviembre — y la República Dominicana la enfrenta con uno de los operativos de prevención más amplios de su historia. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) informó al inicio de la temporada que el país dispone de 2,742 albergues habilitados y más de 15,000 voluntarios listos para responder ante cualquier evento hidrometeorológico.
El pronóstico oficial de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) anticipa una temporada por debajo del promedio: entre 8 y 14 tormentas nombradas, de 3 a 6 huracanes y de 1 a 3 huracanes mayores (categorías 3, 4 o 5). La causa principal de esta proyección es la probable presencia del fenómeno de El Niño, que suele aumentar los vientos cortantes sobre el Atlántico y dificultar la formación e intensificación de los ciclones. Para comparar, una temporada promedio (1991-2020) produce 14 tormentas nombradas, 7 huracanes y 3 huracanes mayores.
Una sola tormenta basta
Las autoridades dominicanas, sin embargo, repiten una advertencia que la experiencia ha grabado a fuego: basta un solo ciclón que toque tierra para que la temporada se convierta en tragedia. La directora del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), Gloria Ceballos, ha insistido en que el peligro sigue siendo muy alto y que la población no debe confiarse por un pronóstico numéricamente moderado.
La historia reciente del país respalda esa prudencia. Tormentas que en los pronósticos parecían menores han provocado inundaciones devastadoras en comunidades vulnerables, sobre todo en zonas urbanas con drenaje insuficiente y en cuencas de ríos propensas al desbordamiento. El cambio climático, además, está intensificando las lluvias asociadas a estos fenómenos, incluso en tormentas de categoría baja.
El COE, la Defensa Civil y el Indomet impulsan además una campaña de reclutamiento de nuevos voluntarios y de fortalecimiento del monitoreo meteorológico en todo el territorio. Los expertos recomiendan a la ciudadanía acciones preventivas concretas: limpiar los filtrantes y desagües, podar los árboles de riesgo, asegurar techos y ventanas, preparar un kit de emergencia con agua, alimentos no perecederos, linterna, radio de baterías y documentos importantes, y conocer la ubicación del albergue más cercano.
El Niño: menos ciclones, pero más sequía
El fenómeno de El Niño, con una probabilidad estimada de 82 % de desarrollarse plenamente, presenta una paradoja para el país. Por un lado, frena la formación de huracanes en el Atlántico; por otro, amenaza con reducir drásticamente las lluvias en la segunda mitad del año, con riesgo de sequía meteorológica que afectaría el suministro de agua potable y la agricultura.
A este escenario se suma el polvo del Sahara, densas capas de aire seco y cargado de partículas que inhiben las precipitaciones y elevan la sensación térmica a niveles agobiantes. Los especialistas advierten que la combinación de calor extremo, sequía y polvo sahariano puede tener efectos en la salud respiratoria de la población más vulnerable: niños, envejecientes y personas con asma o alergias.
Para el sector agropecuario, la posible sequía es una preocupación mayor. Los productores de arroz, plátano, yuca y otros rubros básicos dependen de un régimen de lluvias estable, y las autoridades del sector han comenzado a coordinar planes de contingencia que incluyen el uso eficiente del agua de riego y el monitoreo de los niveles de las presas.
Ciudades más resilientes
Más allá de la coyuntura de cada temporada, los expertos en gestión de riesgos insisten en que la verdadera preparación es estructural: ordenamiento territorial que impida construir en zonas inundables, sistemas de drenaje pluvial adecuados en las ciudades, reforestación de cuencas y educación continua de la población. Cada peso invertido en prevención, recuerdan, ahorra múltiples pesos en reconstrucción.
El país ha avanzado en sistemas de alerta temprana: los boletines del COE y del Indomet llegan hoy a millones de dominicanos a través de redes sociales, aplicaciones móviles y medios tradicionales en cuestión de minutos. Esa velocidad de comunicación ha salvado vidas en eventos recientes y debe seguir fortaleciéndose, especialmente en las comunidades rurales con menor conectividad.
Después de la tormenta: la recuperación
La gestión de un ciclón no termina cuando escampa. La fase de recuperación — evaluación de daños, restablecimiento de servicios básicos, limpieza de vías y apoyo a las familias afectadas — es tan importante como la preparación. El COE coordina entonces a las instituciones del Estado, a los ayuntamientos y a las organizaciones comunitarias en un esfuerzo que suele extenderse por semanas.
En esa etapa, la solidaridad dominicana brilla con luz propia: vecinos que comparten lo poco que tienen, iglesias convertidas en centros de acopio, jóvenes voluntarios limpiando calles. Esa respuesta espontánea, sumada a la institucional, es la que permite al país levantarse una y otra vez. Los especialistas, no obstante, insisten en que la reconstrucción debe hacerse mejor que antes — «reconstruir mejor», en la jerga internacional —, reubicando cuando sea necesario a las familias de zonas de alto riesgo en lugar de devolverlas al mismo peligro.
La responsabilidad es de todos
La temporada ciclónica es también una prueba de ciudadanía. Respetar las alertas, no cruzar ríos crecidos, no refugiarse bajo árboles durante tormentas eléctricas y atender los llamados de evacuación son decisiones individuales que determinan el saldo final de cada evento. Las autoridades pueden habilitar miles de albergues, pero la prevención empieza en cada hogar.
Con el pico de la temporada — históricamente concentrado entre agosto y octubre — ya en el retrovisor y la recta final hacia el 30 de noviembre, el mensaje oficial es claro: la vigilancia continúa hasta el último día. En materia de huracanes, la calma del pronóstico nunca debe confundirse con la ausencia de peligro.
