Los demócratas arrebatan el Congreso a Trump en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos

Los demócratas ganaron el control del Senado y de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio mandato celebradas el martes 3 de noviembre en Estados Unidos, en un resultado que deja al presidente Donald Trump sin mayoría en el Congreso para los dos últimos años de su mandato. El castigo en las urnas fue mayor de lo que preveían las encuestas y se extendió a bastiones republicanos que llevaban décadas sin cambiar de manos.
El resultado convierte estas elecciones en un referéndum sobre el segundo mandato de Trump, y el veredicto no admite matices: el electorado le retiró el control del Poder Legislativo. A partir de enero, el presidente gobernará con un Congreso en manos de la oposición, capaz de bloquear su agenda y de fiscalizar a su gobierno con el poder de la mayoría.
Los números de la noche
Según el recuento de la agencia AP recogido este miércoles, los demócratas suman 54 senadores frente a 44 republicanos, con dos escaños por decidir, cuando hasta ahora el Partido Republicano tenía 53 de los 100. En la Cámara de Representantes, con 68 escaños aún sin adjudicar, los demócratas llevan 228, por encima de los 218 que dan la mayoría, frente a 139 republicanos.
En el Senado se renovaban 35 escaños, y los demócratas lograron los volteos que necesitaban para alcanzar la mayoría, con victorias en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio, Kansas, Iowa, Texas, Michigan y Maine. En la Cámara, donde se renovaban los 435 escaños, la mayoría demócrata podría alcanzar entre 244 y 248 escaños, muy por encima de los 218 necesarios para controlar el hemiciclo.
Las proyecciones de los grandes medios estadounidenses, incluidas las de la conservadora Fox News, ya daban a los demócratas los 51 escaños necesarios para asegurarse la mayoría en el Senado y, con amplio margen, más de los 218 asientos imprescindibles para dominar la Cámara de Representantes, un desenlace que a comienzos de año se consideraba altamente improbable.
Texas, el símbolo de la ola azul
Los resultados han sido especialmente simbólicos en Texas, donde los demócratas se impusieron por primera vez en casi cuatro décadas. El pastor presbiteriano y educador James Talarico derrotó al fiscal general Ken Paxton, el candidato respaldado por Donald Trump, y se convirtió en el primer demócrata elegido al Senado federal por ese estado en 38 años.
En la misma jornada, la demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador republicano Greg Abbott, que aspiraba a un cuarto mandato consecutivo, y se convertirá en la primera latina en ocupar el cargo de gobernadora de Texas, poniendo fin a más de tres décadas de dominio conservador en el estado.
Los demócratas también conquistaron Carolina del Norte con Roy Cooper y se impusieron en estados como Kansas, Iowa, Ohio y Carolina del Sur, donde castigaron el legado de aliados de Trump. En California, el exsecretario de Salud Xavier Becerra fue elegido gobernador. La llamada ola azul se confirmó hacia las cinco de la madrugada, cuando el presidente republicano de la Cámara de Representantes, el ya saliente Mike Johnson, reivindicaba el legado de uno de los Congresos más productivos de la historia de la institución.
La reacción de Trump
Trump siguió la noche electoral desde la Casa Blanca, rodeado de asesores, familiares y miembros de su Gabinete. En plena noche, intentó desmarcarse de la derrota con un mensaje en su plataforma Truth Social en el que atribuyó el revés republicano a que su nombre no figuraba en la papeleta. «No me presenté a las elecciones y, de haberlo hecho, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría! Gracias por su atención a este asunto», escribió.
El mandatario, que se volcó en primera persona durante toda la campaña con mítines casi diarios y llegó a pedir a sus bases que acudieran a las urnas pensando en él, cargó después contra perfiles moderados de su propio partido, como el republicano Greg Abbott, al que señaló como responsable del desastre en Texas.
Más tarde, en declaraciones al diario The New York Times, el presidente adoptó un tono más conciliador: reconoció que los resultados apuntaban a una victoria demócrata y se mostró dispuesto a trabajar con la nueva mayoría del Congreso. «Esperamos poder trabajar con ellos. Probablemente lleguemos a algún acuerdo», dijo. Es un gesto poco habitual en un mandatario que nunca aceptó su derrota frente a Joe Biden en las presidenciales de 2020 y que, antes de estos comicios, había advertido de que solo aceptaría los resultados si las elecciones eran limpias.
Por qué ganaron los demócratas
El castigo llega con Trump en mínimos de aprobación y con el electorado preocupado por asuntos muy concretos: el coste de la vida, el precio de la gasolina y de los medicamentos, la inflación, la guerra en Medio Oriente y la política migratoria. Antes de votar, la popularidad de Trump había caído al 38 por ciento, según la encuesta de Marist.
El voto latino tuvo un peso decisivo en el resultado. En una encuesta de Pew Research publicada a mediados de octubre, el 51 por ciento de los latinos registrados se inclinaba por los candidatos demócratas a la Cámara frente a un 24 por ciento por los republicanos, y el 55 por ciento reconocía que su voto sería un voto contra Trump. Ese empuje del voto latino fue clave en Texas, donde los demócratas se impusieron en su tradicional bastión por primera vez en casi cuatro décadas.
El presidente lleva días sosteniendo que la derrota no alterará su manera de gobernar y que recurrirá sin complejos al veto ejecutivo para frenar las investigaciones que pondrá en marcha el nuevo Congreso. Sin embargo, su margen de maniobra hasta 2028 queda muy reducido: sin el Senado y sin la Cámara, cada iniciativa de su gobierno necesitará el acuerdo de la oposición.
Qué cambia ahora
Con el control de las dos cámaras, los demócratas podrán bloquear la agenda legislativa de Trump, frenar nombramientos y poner en marcha investigaciones sobre su gobierno con el poder de la mayoría. El presidente afronta así sus dos últimos años de mandato más debilitado que nunca dentro del propio Partido Republicano, donde ya se escuchan voces que le atribuyen la derrota.
Para el resto del mundo, el resultado también tiene consecuencias. Un Congreso demócrata cambiará el tono de la política exterior estadounidense y la relación de Washington con sus aliados, en un momento en el que la guerra en Medio Oriente y la política migratoria están entre las preocupaciones que los votantes pusieron por delante al votar.
Las elecciones de medio mandato se celebran a mitad del mandato presidencial y suelen funcionar como un examen al gobierno de turno. En esta ocasión, el examen dejó un mensaje claro: el electorado estadounidense le retiró a Trump el Congreso, y los dos últimos años de su presidencia se jugarán con una oposición al mando del Poder Legislativo.
Fuente: El Nuevo Día
Fuente: El Faro de La Palma
