octubre 15, 2026

República Dominicana roza los 12 millones de visitantes y firma el mejor año turístico de su historia

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Con 7.7 millones de visitantes entre enero y julio de 2026, el país avanza a paso firme hacia los 12 millones de turistas al cierre del año, una marca inédita que consolida su liderazgo en el Caribe.

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Playa de Punta Cana al atardecer con palmeras y sombrillas

La República Dominicana vive el mejor momento turístico de su historia. Entre enero y julio de 2026 el país recibió 7,700,118 visitantes, la cifra más alta jamás registrada para ese período, con un crecimiento de 7 % frente a los mismos siete meses de 2025 y de 10.4 % en comparación con 2024. Los números, presentados por el ministro de Turismo, David Collado, durante el informe mensual del 4 de agosto en Santo Domingo, confirman que la meta de los 12 millones de visitantes al cierre del año está al alcance.

El dato cobra mayor dimensión cuando se compara con la era previa a la pandemia: el flujo de visitantes de enero a julio fue 69.6 % superior al del mismo período de 2019, el último año considerado «normal» antes del colapso global de los viajes. La República Dominicana no solo se recuperó del golpe sanitario, sino que lo dejó atrás por un margen que pocos destinos del mundo pueden exhibir.

El motor aéreo y el auge de los cruceros

Del total de visitantes, 5,885,259 llegaron por vía aérea y 1,814,859 lo hicieron a bordo de cruceros. Las dos patas del negocio crecen de forma paralela, algo que los técnicos del sector celebran porque diversifica el riesgo: si un segmento se desacelera, el otro sostiene la actividad.

Solo en el primer semestre, el país acumuló 6,616,671 visitantes, también un récord histórico para un período enero-junio, con un alza de 7.7 % frente a 2025. Junio aportó 975,012 visitantes, 6 % más que el mismo mes del año anterior. Y diciembre de 2025 había cerrado con cerca de 960,000 llegadas aéreas en un solo mes, el registro mensual más alto de la historia nacional, lo que elevó el total anual de 2025 a 11.6 millones de visitantes.

La expansión ya no depende únicamente de Punta Cana. Los aeropuertos de Santo Domingo, Santiago, Puerto Plata, La Romana y Samaná reciben cada vez más vuelos internacionales, mientras los puertos de cruceros distribuyen pasajeros por distintos puntos del territorio. Esa desconcentración geográfica es una de las apuestas centrales de la estrategia oficial: llevar el gasto turístico a más provincias y a más comunidades.

Inversión, conectividad y empleo

Detrás de las cifras hay una combinación de factores que los analistas coinciden en señalar. Primero, la conectividad aérea: nuevas rutas y frecuencias con América del Norte, Europa y América Latina han ampliado el mapa de mercados emisores. Segundo, la inversión hotelera: solo en 2025 se sumaron alrededor de 2,500 habitaciones nuevas sin que la ocupación se resintiera, señal de que la demanda absorbe la oferta adicional. Tercero, la promoción sostenida del destino en ferias internacionales como Fitur, donde en enero de 2026 el país cerró alianzas y anuncios de inversión por miles de millones de dólares.

El turismo es, además, uno de los principales generadores de empleo formal e informal del país. Cada punto adicional de ocupación hotelera se traduce en puestos de trabajo en hotelería, transporte, gastronomía, excursiones y comercio. Las autoridades estiman que la cadena de valor turística sostiene cientos de miles de empleos directos e indirectos, muchos de ellos ocupados por jóvenes de las provincias costeras.

Los retos de crecer sin pausa

El éxito, sin embargo, trae sus propios desafíos. Especialistas en planificación urbana advierten que el crecimiento acelerado exige inversiones paralelas en infraestructura: agua potable, tratamiento de aguas residuales, gestión de residuos sólidos, vialidad y ordenamiento territorial en los polos turísticos. Sin esa base, advierten, la experiencia del visitante y la calidad de vida de las comunidades receptoras pueden deteriorarse.

Otro frente es la sostenibilidad ambiental. Las playas, los arrecifes y los parques nacionales son el principal activo del destino, y su conservación requiere políticas firmes frente a la presión del desarrollo inmobiliario y hotelero. El Ministerio de Turismo ha insistido en que los nuevos proyectos deben cumplir estándares ambientales, pero organizaciones ecologistas piden mayor vigilancia y transparencia en las evaluaciones de impacto.

Un tercer reto es la diversificación de la oferta. El modelo de sol y playa sigue siendo el imán principal, pero el país cuenta con activos poco explotados: el turismo cultural de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, el ecoturismo de montaña en Jarabacoa y Constanza, el avistamiento de ballenas en Samaná y la gastronomía criolla. Convertir esos recursos en productos turísticos consolidados permitiría atraer segmentos de mayor gasto y reducir la estacionalidad.

El turista que viene y el que repite

Uno de los indicadores que más celebran las autoridades es la tasa de repetición: una proporción significativa de los visitantes declara que regresará al país y que lo recomendaría a familiares y amigos. Esa lealtad no se compra con publicidad, se gana con experiencias: la calidez del trato dominicano aparece de forma recurrente en las encuestas de satisfacción como uno de los activos mejor valorados del destino, por encima incluso de las playas.

Los principales mercados emisores siguen siendo Estados Unidos, Canadá y Europa, con un crecimiento notable de América Latina — Colombia, Argentina, Chile y Brasil — y del turismo intrarregional caribeño. Esa diversificación protege al destino frente a las fluctuaciones de una sola economía y abre la puerta a segmentos nuevos, como el turismo de bodas, el de golf y el de reuniones y convenciones, todos de alto gasto por visitante.

Lo que viene

Con el ritmo actual, el país cerraría 2026 por encima de los 12 millones de visitantes, una cifra que hace apenas una década parecía inalcanzable. El propio ministro Collado ha reiterado que el objetivo de largo plazo es seguir creciendo sin sacrificar la calidad del destino ni la rentabilidad de la inversión.

Para la economía dominicana, que depende del turismo como una de sus principales fuentes de divisas junto con las remesas y las zonas francas, cada récord de visitantes es también un colchón de estabilidad macroeconómica. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, el turismo se ha convertido en uno de los pilares más sólidos del crecimiento nacional.

Fuente: Carib Journal

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