
Bajo la consigna «¡La región Este no aguanta más!», cientos de dirigentes comunitarios, campesinos, trabajadores cañeros y representantes de organizaciones sociales de cinco provincias se concentraron el pasado domingo 11 de octubre en Higüey, provincia La Altagracia, para reclamar respuestas del Estado ante las problemáticas sociales, económicas y ambientales que afectan a sus comunidades.
La delegación de San Pedro de Macorís llevó a la marcha un reclamo que la provincia arrastra desde hace décadas: la descontaminación y el rescate del río Higuamo. Junto a esa demanda histórica, las organizaciones petromacorisanas exigieron mejoras en la recogida de los desechos sólidos, mayores oportunidades de empleo para la juventud y una mayor presencia del Estado en los barrios y comunidades de la provincia.
La jornada reunió delegaciones de El Seibo, Hato Mayor, La Romana, San Pedro de Macorís y La Altagracia, y concluyó con la constitución oficial de la Unión Nacional de las Organizaciones de las Regiones, una articulación que agrupa a cerca de 20 entidades sociales, comunitarias, campesinas y laborales bajo la consigna «No aguanta más».
El Higuamo, el río que hizo grande a la Sultana del Este
Para entender por qué el reclamo del Higuamo moviliza a San Pedro de Macorís hay que mirar su historia. El río nace en la provincia de Hato Mayor y es uno de los más caudalosos de la región Este, con decenas de kilómetros navegables que en la primera mitad del siglo XX lo convirtieron en la principal vía para transportar el azúcar y la melaza de los ingenios Consuelo y Quisqueya hasta el muelle de San Pedro de Macorís.
En su época dorada, ese muelle fue uno de los puertos más importantes de la República Dominicana: por allí salían cargadas de azúcar las grandes embarcaciones que conectaban a la Sultana del Este con el mundo. La ciudad creció a la orilla del Higuamo y con él; su identidad, su economía y su memoria están atadas a sus aguas.
Hoy, sin embargo, ese mismo río es descrito por ambientalistas y comunitarios como uno de los más contaminados del país, una herida abierta que contrasta con el orgullo histórico de la provincia.
Décadas de contaminación y una lucha que no se detiene
La contaminación del Higuamo tiene dos vertientes, según han documentado por años los sectores ambientalistas: la empresarial y la poblacional. En sus márgenes operan industrias y plantas generadoras de electricidad, mientras que en sus orillas se levantan barrios donde miles de familias viven sin un sistema adecuado de recogida de basura ni saneamiento, lo que convierte al cauce en el destino final de desechos sólidos y aguas residuales.
El propio alcalde de San Pedro de Macorís, Rafa Ortiz, ha puesto el tema sobre la mesa con un dato contundente: en San Pedro se produce cerca del 34 % de la energía del país y, a cambio, las empresas generadoras solo han dejado la contaminación del río Higuamo, afectando de forma directa a las comunidades cercanas. Ortiz propuso que esas compañías inviertan un 5 % de sus ganancias en proyectos de conservación y reforestación, e impulsó una consulta ciudadana para reformar la Ley General de Electricidad (125-01) con el fin de obligar a las generadoras a contribuir con la preservación de los ríos afectados por sus operaciones.
La lucha no es nueva. Desde 2007 trabaja en la zona la Coalición Multisectorial para la Conservación de la Cuenca del Río Higuamo, cuya directora ejecutiva, Cesarina Aquino Rivas, ha explicado que los monitoreos del agua muestran una mejora considerable en la calidad del río, aunque persisten los daños: el hacinamiento humano en sus márgenes, los desagües directos, el mal manejo de los residuos en la desembocadura y el uso de productos químicos en la agricultura. La coalición ha invitado incluso al presidente Luis Abinader a recorrer el río para que constate su potencial para el ecoturismo.
Lo que piden las organizaciones petromacorisanas
En la marcha de Higüey, las organizaciones de San Pedro de Macorís concretaron sus reclamos en cuatro puntos:
- La descontaminación y el rescate integral del río Higuamo, con un plan de saneamiento sostenido y no solo jornadas aisladas.
- Mejoras urgentes en la recogida de los desechos sólidos en los barrios y comunidades, donde la basura acumulada termina arrastrada hasta el cauce del río.
- Mayores oportunidades de empleo para la juventud petromacorisana, golpeada por la falta de opciones laborales en la provincia.
- Una mayor presencia del Estado en los barrios y comunidades, con respuestas concretas a las necesidades básicas de la gente.
Son demandas que conectan lo ambiental con lo social: un río limpio, barrios con servicios y jóvenes con trabajo forman parte de la misma aspiración de dignidad que llevó a la delegación petromacorisana hasta Higüey.
Una articulación regional que trasciende la provincia
La marcha no fue solo una suma de reclamos provinciales. Durante la jornada se anunció la constitución oficial de la Unión Nacional de las Organizaciones de las Regiones, fruto de asambleas en las que participaron cerca de 20 organizaciones, entre ellas la Asociación Seibana Mamá Tingó, la Unión de Trabajadores Cañeros, la Federación de Mujeres Campesinas y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
El pliego común incluye el acceso al agua potable, la electricidad continua, la salud y la educación de calidad; la asignación del 5 % del producto interno bruto a la salud y la seguridad social; la eliminación de las administradoras de fondos de pensiones (AFP); el fin de los desalojos y las ejecuciones policiales; la protección de la soberanía alimentaria y de la producción arrocera; y la lucha contra la corrupción, la impunidad, el racismo y la discriminación.
Cada provincia aportó además sus demandas particulares: El Seibo reclamó servicios de salud y la devolución de terrenos; Hato Mayor denunció las deficiencias en la recogida de basura; La Romana exigió agua potable y mejores condiciones para su centro universitario; y La Altagracia presentó cinco demandas que van desde una tarifa eléctrica justa hasta un nuevo acueducto y hospitales equipados.
El camino por delante
El reclamo del Higuamo ha llegado antes a las instancias del poder. Legisladores de la provincia han pedido que el río sea incluido en los programas nacionales de saneamiento, como el que se ejecuta en el Ozama, y que el Ministerio de Medio Ambiente intervenga su cuenca de forma definitiva. La propuesta de reforma a la ley eléctrica para que las generadoras financien la restauración de los ríos que impactan sigue sobre la mesa como una vía para que la riqueza energética que produce San Pedro se traduzca en bienestar para su gente.
Mientras tanto, las organizaciones afirman que mantendrán la articulación y la movilización. La jornada de Higüey concluyó con una evocación de la gesta del 27 de febrero de 1844 y un llamado a la unidad bajo una frase que resume el espíritu de la marcha: «Si el pueblo se mueve, el mundo tiembla». Para San Pedro de Macorís, ese movimiento tiene un nombre propio y un cauce definido: el rescate del río Higuamo.
Foto: Wikimedia Commons.
Fuente: Radio Seybo
